De guerras ganadas por El Elyon: el eclipse parcial de aflicción


*:・゚✧*:・゚

Es poco lo que recuerdo. Recuerdo lo que sentí, que quizá sea más doloroso. Tenía 24 cuando salí volando al sur, huyéndole a un eclipse, con la seguridad puesta en que partir era la respuesta y la sanación milagrosa que tanto anhelaba; adjudicándole la «luz verde» a una intervención divina, y tal vez fue (sí es) así, conociendo Su soberanía. Sin embargo, en ocasiones una puerta abierta no significa que el lugar al que se va a entrar vaya a ser el Cielo en la Tierra. Hubo días en que lo percibí así. Otros solo eran oscuridad. Una oscuridad absoluta en la que los ojos no se acostumbran. Cuando el eclipse me alcanza pasa eso.

Mis ojos eclipsados.

Al final del camino (unas veces de suave pradera y otras tantas de inclemente herradura) existe un combate eterno entre hechos y percepciones, lo real y mi versión: pensada, sentida y vivida en carne, hueso y espíritu. ¿Cuál de las dos merece atención aguda y quirúrgica? Es una reflexión para otro momento. Si de algo tengo certeza es de que la segunda siempre¹ solía ganar. 2 años, 3 meses y 8 días de victoria final; con algunas batallas perdidas, por supuesto, pero a fin de cuentas efímeras y con la guerra ganada y guardada como trofeo en el bolsillo trasero del pantalón. Al menos, eso parecía.

¹ No se deben usar nunca ni siempre, sugieren.

Lo sucedido no fue unidimensional. Tratándose de asuntos enlodados con humanidad, ¿qué se puede esperar, más que una paleta de tonalidades grises de absurda extensión? Decir que hubo momentos buenos y momentos malos es un insulto a la compleja narrativa celestial que tuvo lugar. 

El versículo 6 del Salmo 82 entona: «Yo dije: vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo [El Elyon]». En hebreo, el término usado es elohim [אֱלהִים], el mismo que se usaba para referirse a Dios en distintos capítulos de la Biblia. No obstante, también se elegía para identificar a seres divinos y a jueces; en el contexto del cántico 82 vendría siendo este último: un líder escogido por Dios.

Lejos de mí la arrogancia que tal vez pueda señalárseme por lo que diré a continuación: una de mis teorías conspirativas propone que mi plan de huida involucró convertirme en esta última definición de elohim por decreto divino; líder por vía de ejemplo, en contexto personal. La verdadera arrogancia fue creer que lo podía lograr a satisfacción, pero hay un libro completo en la Biblia que expone lo grande que le queda a los seres humanos cumplir el rol de Dios como embajadores Suyos en la Tierra.

No pretendo significar mi caso a tal alcance, lo que quiero decir (admitir, incluso) es que ciertamente Abba me envió a ese lugar del sur a ser luz, y terminé siendo una vela puesta debajo de un canasto, extinguida por un ligero soplido.

Mi propósito eclipsado.

A riesgo de leerme clisé, ya lo dijo Cerati en un momento de profunda oscuridad: no fue parcial. 831 días exactos, así que quizá sí lo fue (parcial, quiero decir), pero no se sintió así. De nuevo, factual versus vivencial.

Todo camino que empieza con una fuga…, ¿qué implica? No deseo lanzar aseveraciones, por lo que me limito a declamar mi verdad, lo cual -en realidad- tiene poco de limitante, pues el espectro va de aquí al horizonte en todos los puntos cardinales. Mi bulevar trajo consigo vistas preciosas, contempladas desde una carroza destinada a caerse sobre sí misma.  Como un barco naufragando, intérprete de su propia trágica belleza, con interludios de disociación ofrecidos por la pólvora de colores que adorna un cielo sin estrellas.

Huir se siente bien, hasta que ya no. Hasta que la adrenalina baja, se abre el «segundo par de ojos» y solo se ve tormenta. Solo hay tormenta. Todo es tormenta. Abro la sombrilla y de ella sale un aguacero con rayos y truenos. No hay más, o eso creía. Creer. Sentir. Pensar. ¡Qué importante es conocer la diferencia! Mi plan de escape no la tenía clara; mi segundo error.

Cada decisión tomada desenvuelve un camino frente a mí. Alrededor, infinidad de otros caminos desvaneciéndose para jamás² ser transitados. Pude haber decidido mejor, pero ser humana también significa que siempre será así, ¿no? Así que la alternativa sería minar la senda, por miserable que aparente ser, y sacar provecho de todo lo valioso que halle. Tampoco hice eso; otra mala decisión. Sí lo intenté, pero terminó en un episodio hipomaníaco que me incendió.

Pólvora eclipsada.

² Jamás se debe decir jamás. ¿Ahí qué?

Supongo que hoy decido quitarme la gruesa venda de alta cobertura que cargaba sobre mis ojos para permitirme reconocer los rayos de luz que, aunque estuvieron allí, los mantuve a 126 centímetros de distancia.

Cuando se huye se hace con prisa. Quedan asuntos por resolver, abrazos por dar, cartas por escribir. La mente pasa factura, tarde o temprano; incapacitantemente, a veces. Todo esto es equipaje que puede auxiliar u obstaculizar y el mío era tan pesado que activó el sistema de supervivencia. De ahí mi dificultad para recordar, al punto de olvidar la segunda parte del verso 6 de ese salmo 82: soy hija de El Elyon. Con un dedo apuntado al cielo podría haber disipado el eclipse en Su nombre. Con un granito de mostaza empuñado en mi mano izquierda podría haber gritado «¡ayuda!», en voz alta, con mi boca, y se habría oído hasta el Tercer Cielo. Sé que lo intenté, más veces de las que puedo contar, pero mi temor e incertidumbre no daban paso a la luz; me permití soltar la convicción de que yo podía sola, pero jamás (no) solté el volante. ¿Se entiende eso qué quiere decir? 

Primer error, la génesis del eclipse.


Ahora, un facto: lo dicho arriba es verdad. El empirismo vía método científico lo concluyó, porque así fue. 831 días de ‘proto-éxodo’, más unos 13 años previos de intentos de fuga dentro de las mismas cuatro paredes, más alrededor de 6 medicamentos diferentes después…, el componente invariable que hacía falta en la ecuación para vencer es el puro núcleo y centro de la vida misma.

Gracioso (o más bien curioso) cómo 13 años después de haber sido salvada (de nuevo ese número), hasta ahora estoy dejando entrar Su luz por completo: puertas y ventanas abiertas, cortinas arrancadas, velas inextinguibles por doquier.

Curioso también que justamente este año Abba puso en mi corazón sentarme a pasar tiempo con Él, estudiando a diario con una Biblia que Él mismo me regaló 7 años atrás.

 ⁺₊⋆ ☀︎ ⋆⁺₊

Jesús vive. Siempre me ha llevado de la mano. Nunca me dejó. Jamás me abandonó. Hace 4 meses no presento síntomas [del trastorno afectivo bipolar]. Toda alabanza, gloria y honra para Él.

El proceso de sanación continúa. Todavía tomo lamotrigina todos los días y aún quedan nudos por desatar y redes por desenredar, lo que es parte de mi humanidad, pero ya no huyo más. Venga lo que venga después, en YHWH esperaré.

Amén y amén, diría el salmista♡


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Tomar el bus [cuento]

“NO LO SUEÑES, CONVIÉRTETE EN ELLO”: RESEÑA DE THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW