Memoria de entes sin razones

 Septiembre 22, 2015



No tengo un nombre, soy solo un código entre millones. ¿Quién soy? El código no es la respuesta. Desperté aquí, compartiendo cárcel con otro ente. Somos dos tratando de sobrevivir. Al otro lo conocen como 1, mientras que a mí suelen definirme como el 0 a la izquierda. Somos una mezcla extraña de características; de similitudes y diferencias.

1 es hijo del Sol. Su presencia dibuja una sonrisa, incluso, en el más desdichado. 1 roza con el altruismo, es tan amable como puede y su habilidad para tratar con los otros códigos es envidiable. La esencia de 1 es delicada como el reposo de una pluma. Con 1 puedes contar hasta para lo que no es hábil. 1 tiene un sentido del humor admirable.

De día, 1 sale a pasear, tomando posesión de nuestra cárcel.

Yo, por el contrario, soy hijo de la Luna. La oscuridad es mi debilidad, por eso me adornan con estrellas. Soy insensible, frío, duro y crudo. Digo la verdad de un balazo. No me interesa si llego a lastimar a los demás. No me interesa perder códigos cercanos. No me interesa la soledad. Soy complejo y difícil de descifrar. Le tengo miedo a mi propia sombra y a los ataques sorpresa. Si se acercan a mí demasiado, les lastimará mi filo. Solo sirvo para acentuar los errores.

De noche yo tomo el control. Cada vez que lo hago, el cuerpo vibra y sus vellos se levantan atentos. Los ojos se mueven enloquecidos. Los labios tiemblan. Los dientes castañean. Los oídos se aguzan. El olfato es inútil. De noche solo me acompaña 1 y nadie más.

Los códigos han oído hablar de mí y muchos han tenido la suerte de no conocerme.

Pero, por desgracia, sigo siendo el 0 a la izquierda, y sin la luz de 1 no podría existir.

Llevamos conviviendo más de una década, y el paso de los años ha ido moldeando nuestra realidad. Ahora nuestras características se están cruzando, saliendo algunas mías a la luz del día, y reflejándose otras de 1 en medio de la noche oscura. La racionalidad nunca se ha llevado bien con nosotros. Hacemos sin saber qué va a pasar, nos estamos aventurando. 1 se ha contagiado de mi desinterés frente a todo; yo, en cambio, de la conciencia que 1 posee frente a la vida, causa y efecto.

Es una bomba de contrastes que chocan con incoherencia, poniendo frenético el cuerpo en el que habitamos. Y todo esto sucede en el interior, invisible a los ojos ciegos de los otros códigos. Por fuera, se refleja seriedad o serenidad, mientras se realizan los deberes del día.

Pasan por alto el exterior, e ignoran de la existencia de un encuentro bélico entre 1 y yo.

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