A ver, ¿qué día es hoy? • #DiarioTAB III

 

Marzo 30 de 2023

 



Claroscuro. De eso va este día, o al menos es una de sus tantas caras.

Un día como hoy, pero hace 170 años, el mundo ve nacer a Vincent Van Gogh. ¿Les suena? Artista. Holandés. Noche Estrellada. Girasoles. Arles. Oreja (no la banda). En fin.

Aparte de todo eso, y basado en investigaciones y lo que se conoce de su historia  (breve, por cierto), se presume que también se sumaba a su lista de características el trastorno bipolar.

Trastorno Afectivo Bipolar. TAB.

Eso explica muchas cosas. Estoy convencida de que la anterior es una frase que ha retumbado en las paredes de más de un consultorio psicológico y psiquiátrico. Sé que alguna vez yo misma la pronuncié, porque es que la propia vida, la mía, cobró sentido el día que recibí diagnóstico.

No es una excusa, ¡ojo! (como diría mi padre). No es una excusa, pero sí una bendición. Sé con qué estoy lidiando y ese nombre incluye herramientas y armadura; una suerte de lámpara que me permite navegar con menor grado de incertidumbre estas aguas inestables y -a veces- traicioneras.

Pero, ¿al fin de qué va este día? Claroscuro, ya lo dije. A veces arriba, a veces abajo. A veces de cara al sol, a veces convertirme en una piedra más del túnel, como diría el Javato (me encanta citar a otras personas, bear with me).

A veces claro, otras oscuro. Todo en un mismo paquete: TAB. Si me han leído alguna vez, se les hará familiar este discurso.

Se trata de mismas circunstancias, mismos lugares, mismas personas y hasta la misma ‘yo’. ¿Por qué tanta fluctuación? “Esa es la columna vertebral del TAB”, me explicó una vez la psiquiatra que frecuento. Algo elemental que me ha costado años aceptar -y sigo intentándolo- es este hecho. Es la columna vertebral, es la base del asunto, su esencia, lo que hace ser a mi condición lo que esta es. Es parte de mí, del funcionamiento de mi cerebro.

Diferente. Con salpicaduras de otras cuantas cosas, que hasta la alcanza a cubrir la neurodivergencia, pero ese es otro tema.

Para mí, se trata de filtros. Compre una lámina de celofán, póngasela frente a los ojos y evidentemente verá la realidad con otro color. Misma realidad, diferente tonalidad. Diferentes luces y sombras, a veces más lo uno que lo otro. Ahora agréguenle a la receta que ese filtro viene en combo con un paquete de pensamientos incluido: de creencias, de convencimientos, de señalamientos. Se pone algo turbia la cosa, ¿no?

¿Cómo vivir en un mundo sin sol? ¿Cómo vivir en un mundo sin nubes? Los días se convierten en semanas. En el peor de los casos, las semanas se convierten en meses. Ahí va un nuevo episodio para la colección.

Cansa mucho, pero quizás aceptándome completamente esto pueda cansar menos. Otro hecho.

Cuando estoy arriba, es genial. Mi TAB es tipo 2, así que un pico alto se suele traducir en algo llamado "hipomanía". Estoy de buenas, optimista, creo que puedo hacer cualquier cosa que me proponga, por absurda que sea. También puedo estar irritable, sí, pero suele ser superior el deseo de pintar el mundo de amarillo, si me dan pista.

Cuando estoy abajo... Ya saben. Solo diré que si me preguntan si he sufrido de matoneo, puedo decir que clara-mente que sí, por la 'bully' más grande que ha pisado el planeta: yo misma. No tengo competencia, pero de a poco voy acabando con esa vocesita de shit.

¿Y qué decir de los episodios de psicosis? Más adelante, quizá.

Todo acto tiene consecuencias.

¿Saben qué me cansa más? Que usen el término “bipolar” con arbitrariedad, como si fuera una característica común o un defecto de cualquiera. ¡Con lo difícil que fue lograr ser tomada en serio! Hay una delgada línea entre adolescencia y desorden del estado de ánimo, entre tristeza y depresión, entre nervios y ansiedad, entre angustia y pánico.

Entre un tono burlesco y un medio para la desinformación y la minimización.

El TAB es una realidad y llega un punto del recorrido en el que poco me importa ser tomada en serio, dándole paso a una mayor prioridad: lograr querer vivir y llevar una vida tranquila. The ultimate goal.

Cuando se me olvida cómo, miro para atrás y recuerdo que -en medio de esta batalla mental tan hija de su gran padre que se libra en mi cabeza todos los días-  he logrado pasar cada punto crítico que se me atraviesa (de una u otra forma, pero lo logro) y he experimentado también un ramillete de momentos dulcísimos.

Dicho todo esto, aprovecho la plataforma para ofrecer una disculpa universal a todas las personas que han pasado por mi vida, en menor o mayor escala, y a quienes he ofendido o hecho pasar un mal rato, esto como consecuencia de este pequeño demonio. Especialmente de 2020 para atrás. Perdón, no estaba diagnosticada ni en tratamiento. De 2020 en adelante: perdón, como diría Santiago Cruz: todos tenemos un día de mierda, pero trabajo en ser mejor.

Gracias infinitas a las poquitas personas que -a estas alturas- permito ser parte de mi vida, por amarme y, en consecuencia de ese amor, por acompañarme en mis mejores y peores momentos, en este camino de rocas y maples.

Te amo, Dios, por amarme a mí primero.

 

Qué rico comprenderme un poquito más, ¿no? Lo recomiendo. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Tomar el bus [cuento]

De guerras ganadas por El Elyon: el eclipse parcial de aflicción

“NO LO SUEÑES, CONVIÉRTETE EN ELLO”: RESEÑA DE THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW