Día 6 de 8 [Serie Validación 2023]

Enero 20, 2023


Viernes. Hoy sí puedo decir que no hice casi nada, así que la entrada va a ser breve.

Me desperté, tomé los medicamentos, me volví a dormir. Me volví a despertar y jugué un rato. Me bañé y me puse cualquier cosa para estar en la casa. Me senté en el comedor a almorzar, algo que me resultó demasiado difícil, porque [redacted] hace mucho ruido al comer. Mucho. Mucho. MUCHO. Esto no es nuevo, lo nuevo es que lo escuchaba como si tuviera un parlante a todo volumen en mis orejas.

… Eso tampoco es nuevo. “Reciente” es un término más apropiado. Los ruidos fuertes suelen abrumarme y aturdirme, pero en los últimos días parece que he estado más sensible a sus efectos en mi cerebro. Cada vez que lo escuchaba era como si me pusieran “pausa” físicamente y le subiera volumen al sonido; no era capaz de moverme, por concentrarme en el fastidio y el deseo desesperante de que cesara. Todo esto involuntario, claro, pero sí me gané unas miradas curiosas cuando volvía en mí y me daba cuenta de que tenía el tenedor congelado a mitad de camino, mientras miraba fijamente a la nada. 

Aparte de todo, estas situaciones con el ruido me dan dolor de cabeza, para colmo de males. Comida a un lado, [redacted] tiende a hablar muy alto. Dios, es que es como si hasta ahora me diera cuenta, ¡[redacted]  es una persona muy loud! Todo lo concerniente a [redacted]  y su forma de existir es en alto volumen, pero últimamente lo he sentido el doble. No lo culpo, ni lo juzgo; pero sí me parece importante señalar estos momentos, para entenderme y blablablá. No es personal, podría ser el vecino el origen del ruido y estaría yo igual de ahogada; en este caso, se trata de [redacted] .

En fin, cuando [redacted] terminó de almorzar, sentí como si me hubieran sacado la cabeza del agua, y pude continuar “en paz”. Fui a la hamaca a recostarme y a seguir leyendo mis novelas visuales, pero el frío me entró a mi habitación. Me acosté en la cama, me arropé y leí otro rato. Todo el día me sentí exhausta y sin ganas de hacer nada. Curioso, porque ayer estuve de tan buen humor, tan optimista, tan llena de planes y apuntes, y en la noche duré enchufada como bombillo hasta las 2 de la madrugada escribiendo y pensando. Quizá gasté mucha energía en eso y por tal motivo al día siguiente no tenía nada en absoluto. No sé, pero fue algo frustrante. 

Me tumbó el sueño y dormí un rato, hasta que mamá me despertó, me preguntó si tenía fiebre y, después de apuntarme una pistola en mi cabeza (de medir la temperatura, tranqui, solo quería hacer un guiño a Ska-P porque soy muy graciosa pff), la doctora [redacted] me diagnosticó “pereza”. Jajaja. Unos minutos después, la comida y fue una repetición de la situación del almuerzo. Cuando logré terminar, regresé a la habitación y me acosté otra vez.

De tanto dormir se me quitó el sueño. Además, no quería no escribir hoy, entonces me obligué a levantarme y venir a la cocina, donde tengo el portátil. Estoy trabajando el tema de la constancia, que me cuesta un jurgo. Yo me conozco, y los primeros días me muevo por la emoción, cumplo mis horarios y metas en medio de esa sensación, pero luego se me pasa y no continúo ni concluyo. De verdad no quiero que eso pase con este ejercicio.

Fin. 😊  

Posdata (porque no sería un mensaje de Maja sin información de más después de decir que ya terminó de hablar): tengo una obsesión por aprender francés, pero como soy cuadriculada, ya me metí en la cabeza que empezaré a la par con Wilson Alfonso (él su inglés). Admito que esta añoranza es una mezcla de un sueño viejo que, por mi misma falta de constancia, no cumplí cuando intenté aprender hace más de una década (wow), y también porque tiene qué ver con la historia que quiero escribir. ¡Hay trabajo por delante!

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La serie «Validación» está compuesta por un cúmulo de extractos de entradas de un diario que algún día empecé. El título lo explica todo, pero no sobra reafirmar el objetivo de la serie: validar las emociones y los sentimientos que transité, las etapas del proceso en curso [así, en ocasiones, este vaya en retroceso], los objetivos cumplidos y los que están por revisitar. Amar y respetar mi humanidad, con su imperfección natural [y química] en todo su esplendor.


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